Article d’Elena Martí, a ELPLURAL.COM d’avui, parlant de la segona volta de les eleccions presidencials peruanes:
Y ahora le toca a Perú. El próximo domingo los votantes peruanos elegirán entre dos representantes de la izquierda (la derecha quedó descartada en la primera vuelta).Ambos contendientes representan las dos vías, los dos modelos de emprender las “reformas” que están instalándose en América Latina desde hace unos años.
De un lado la vía indigenista y nacionalista encarnada por Ollanta Humala, inspirada en los cambios expeditivos y sin complejos de Venezuela y de Bolivia, y de otro la más convencional, en definitiva, la más moderada de Alán Garcia.
Los dos aspirantes a la silla que deja vacante Alejandro Toledo han prometido mantener su política fiscal, generadora de un crecimiento económico notable (7 por ciento) aunque haya fracasado estrepitosamente en la lucha contra la pobreza. Tanto García como Humala ofrecen trabajar de modo primordial en la distribución de la riqueza y para ello tendrán que entrar a saco en el mundo del petróleo y la minería.
Humala pretende revisar los contratos de las empresas petroleras extranjeras y lograr para el Estado peruano un papel en todo el proceso extractivo. Una política de recuperación de los recursos naturales que goza del apoyo de la mitad de la población, recluida bajo la línea de la pobreza pese a los éxitos macroeconómicos de Toledo. También García quiere revisar los contratos de las multinacionales pero intentará convencerlas de la sensatez de la medida antes de actuar.
El Tratado de Libre Comercio firmado por Toledo con Estados Unidos en el último momento no es del gusto de ninguno de los dos candidatos: mientras García quiere renegociarlo, Humala está dispuesto a romperlo para unirse al bloque económico que propone Hugo Chávez.
Dos estilos de hacer política en una América Latina, embarcada en un cambio de tendencia ideológica que es consecuencia de los malos vientos sembrados por el neoliberalismo. Y en esta corriente hay que incluir también a Colombia. El triunfo rotundo de Álvaro Uribe y su política conservadora y de autoridad, no debe ocultar una auténtica revolución en el panorama colombiano: la consolidación del Polo Democrático de Carlos Gaviria. El bloque de izquierda ha logrado un buen resultado (22 por ciento), ha desbancado al secular partido Liberal y aparece, por primera vez, como una alternativa de futuro.
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