Avui us escric un assaig que vaig realitzar fa unes setmanes sota el títol “En una democracia de audiencias sólo hay lugar para que triunfen los partidos catch all o atrápalo todo”
La "democracia de audiencias", nacida a finales del siglo pasado y en situación de dominar el recién iniciado siglo XXI, nos refleja la creciente interrelación entre el sistema político democrático y el modelo de las audiencias televisivas. A continuación vamos a observar las tres razones que contribuyen a que éste sea el modelo dominante en un futuro inmediato; tres razones, la política, la sociológica y la comunicativa, a través de las cuales demostraremos como en una democracia de estas características solamente hay lugar para que triunfen los partidos catch all.
La razón a nivel político viene dada por la crisis de las ideologías. Esta crisis favorece el desdibujamiento del perfil de las propuestas políticas, lo que, unido a la complejidad creciente de nuestras sociedades, cada vez más heterogéneas, hace poco productivo plantear programas políticos detallados. Frente a los grandes proyectos programáticos de años atrás, se tiende a un ejercicio discrecional de la política. Como resultado disminuye el peso de las ideologías de los partidos y aumenta, en cambio, el protagonismo de los líderes y su capacidad para ganarse la confianza del público. La aparición de la denominada democracia de audiencias coincide con la conocida crisis de la representación política, aunque ésta surgió unos cuantos años más atrás. Los partidos han ido acumulando recursos pero cada vez se han ido distanciando más de los electores. Por otro lado, los militantes han ido perdiendo su carácter fundamental para los partidos, ya que el Estado garantiza su financiación y las nuevas tecnologías de la comunicación permiten la transmisión inmediata de los mensajes partidistas a los electores.
A nivel sociológico, desde hace años han comenzado a dejar de funcionar las correlaciones entre clase social y el voto. En las últimas décadas se habría constatado un perfil más variable de los votantes. Así se tiende a ver a los votantes cada vez más como una audiencia a la que ganar mediante campañas específicas, con reclamos estrella como la seguridad, la economía, el paro, etc. En vez de compromisos y vínculos fijos, se establece con ésta nueva “audiencia” una relación más flexible, usando los índices de popularidad y los sondeos de opinión para conocer en cada momento su estado de ánimo.
Y la tercera razón se basa en la comunicación: los procesos electorales y el ejercicio mismo de la política cada día están más influenciados por los medios de comunicación, con la consiguiente ganancia de peso de los recursos de la comunicación mediática y el marketing electoral. La privilegiada posición de control que ostentaban antes los ideólogos y funcionarios de partido estaría siendo progresivamente sustituido por la de los expertos y asesores de comunicación. La irrupción de los medios de comunicación de masas en la arena política inevitablemente fomenta un tipo de campaña más centrada en candidatos y en temas específicos que en programas.
Después de describir las tres razones, está claro que solamente los partidos catch all pueden aprovechar la actual democracia de audiencias para poder triunfar, utilizando la imagen, las frases impactantes, los candidatos con carisma, la no utilización de frases ideológicas y mostrarse, a través de todos éstos métodos, como un partido moderado y que se presenta como el representante de los intereses de todos los ciudadanos sin excepción.
De ahí la tendencia de los grandes partidos a reivindicar el centrismo político, ya que son los que más se benefician de la democracia de audiencias al tener a su alcance más recursos, sobretodo económicos y de influencia en los medios de comunicación. Vamos a verlo con el ejemplo de España: el Partido Popular (PP) y el Partido Socialista (PSOE) son partidos políticos que, aunque históricamente han tenido un fuerte componente ideológico, en los últimos tiempos han escogido el camino hacia el centrismo político para presentarse como partidos catch all, estrategia que los ha beneficiado en esta democracia donde los medios de comunicación y la superficialidad de la política a través de éstos tienen un destacado papel. Tendríamos de este modo, por el lado de la política democrática, un deslizamiento hacia el modelo propio de las audiencias mediáticas, donde el PP y el PSOE se caracterizan por: la desideologización del mismo partido, ya que los dos tienden a situarse en la ideología de centro; el fortalecimiento de los dirigentes del partido respecto a las bases, con una explotación de la imagen de Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero; y la búsqueda de un electorado amplio sin requisitos confesionales o clasistas, ya que ante la sociedad heterogénea intentan identificarse con todos los sectores sociales presentando un programa político lo menos detallado posible y con publicidad general, no específica, del mismo. La función de socialización de éstos partidos también pierde importancia y la movilización de las masas queda prácticamente reducida al momento electoral, ya que pueden aprovechar su enorme poder económico y mediático. En conclusión, los partidos “atrápalo todo” tienen garantizado el éxito en una sociedad enormemente heterogénea que se deja guiar cada vez más por los medios de comunicación.
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