Ahir i avui els italians voten en unes eleccions legislatives força disputades entre les coalicions que encapçalen Silvio Berlusconi (centre-dreta) i Romano Prodi (centre-esquerra). Aquesta tarda es tanquen els col·legis electorals i començarà el recompte de vots. Elena Martí és qui signa el següent article a Elplural.com d’avui:
Los italianos dan hoy su veredicto. La campaña electoral más agresiva de su historia tendrá esta tarde un desenlace. Pero por debajo de los porcentajes de votos de ganadores y perdedores va a quedar un poso inquietante en la sociedad: Italia se ha partido en dos.
Silvio Berlusconi ha sido el catalizador de este desgarro social en el que la desconfianza hacía la política y los políticos se ha convertido en recelo e, incluso, miedo al contrario. En palabras del politólogo Marco Tarchi “los italianos de izquierda odian a Berlusconi y Berlusconi odia a los italianos de izquierda. El país se ha dividido”.
La hostilidad que se respira entre los dos sectores permanece de momento neutralizada porque, a pesar del emprobrecimiento creciente, todavía se mantiene un nivel socio-económico aceptable. Ahora bien, los observadores temen que una profundización de la crisis económica puede tener consecuencias muy negativas.
Los italianos han caído en la cuenta de que los cambios introducidos en los ejes tradicionales de la política exterior no han traído ningún provecho pero si algún perjuicio: Roma históricamente eurocentrista y pro-árabe se ha visto empujada a una estrecha alianza con Washington y a un apoyo acrítico al gobierno de Israel.
Cuando Bush lanzó su “guerra preventiva” en Irak –que dividió a la comunidad internaciona — Berlusconi se alineó con entusiasmo al lado del trío de las Azores y tres años después del comienzo de aquella aventura los italianos se preguntan qué han logrado salvo el peligro de ser objetivo del terror yihadista.
La amistad de Bush y de la América “neocon” ha sido paralela a la disminución de la influencia italiana en Europa, agravado este proceso por la labor persistente de desautorización de la Comisión Europea llevada a cabo por el gobierno Berlusconi. Y el desamor con desamor se paga. Bruselas se muestra cada vez menos sensible a los problemas italianos (caso de los textiles chinos) y su voz pierde fuerza como su economía. Hay quien estima que cuando el proyecto europeo recobre bríos, Italia puede quedar al margen de iniciativas de integración política y económica.
En definitiva, la Italia de Berlusconi ha abandonado esquemas tradicionales sin conseguir que las innovaciones aporten logros diplomáticos ni prestigio político.
Hay que recuperar a la Roma de siempre y el nuevo gobierno debe cambiar de rumbo y recuperar la tradicional “finezza” italiana.
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Però els dos tenen a la seva coalició membres dels extrems.