Seguint amb el debat al voltant de l’abstenció electoral, Victoria Lafora escriu un bon article, avui, a Elplural.com:
A pesar de que, durante los últimos días de la campaña, se crearon expectativas sobre una considerable participación, la abstención ha sido el dominante en el referéndum del nuevo Estatut. No se ha logrado movilizar al electorado por encima del listón psicológico del 50% y eso es malo para todos. En primer lugar es malo para el propio Estatut que nace con la cojera de la abulia, pero también lo es para la clase política en su totalidad (que debería reflexionar muy seriamente) y para unos electores que prefirieron disfrutar de las playas o de los partidos del mundial a ejercer su derecho democrático al voto. Porque, aunque la abstención es una opción legítima en la que cabe desde el desinterés hasta el enfado, el voto en blanco implica una voluntad de participar activamente mostrando ese mismo enfado y ese distanciamiento, pero desde la construcción de un espíritu democrático.
Desde el aquel "¡Habla pueblo, habla!" con que España emprendió su camino a la democracia, la principal función de las campañas publicitarias de los gobiernos centrales, autonómicos y municipales, fue la de promover la participación; por eso hoy se entiende menos que nunca la prohibición que la Junta Electoral hizo de fomentar el voto en la campaña institucional. Sobre todo ante un proceso tan largo, tan conflictivo y tan tedioso, que preconizaba el hartazgo social y hacía más necesario que nunca un inteligente empujón de ánimo. Y, aunque ya empiezan a oírse voces partidarias que tratan de apropiarse de la abstención, considerándola un no indirecto, nadie puede beneficiarse de lo que es objetivamente malo para todos. A pesar de que sea desde la subjetividad, desde donde se analizan siempre unos resultados que, indefectiblemente, terminan dando la razón a todos.
Lo que sí es cierto, y eso es lo que cuenta hoy y contará en el futuro, es que el los catalanes que han votado han dado un amplísimo respaldo al SI –tres de cada cuatro-. Que la suma de quienes han votado en contra es inferior a la del voto de los partidos que lo pedían; lo que significa que muchos de los electores del PP y de ERC han votado a favor. Y que no existe el NO indirecto, porque quien quiere votar NO, va a la urna e introduce esa papeleta.
Quizás lo único positivo de la abstención sea el toque de atención que va a suponer para una clase política que con sus peleas y sus desafueros está desmotivando muy seriamente al personal.
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