RTVE no quiere hablar catalán

Article de PABLO MELÉNDEZ-HADDAD al diari ABC-CATALUNYA:

LA intención del Gobierno de ahorrar ante el agujero económico del Ente RTVE cargándose algunos de sus centros territoriales o de sus emisoras minoritarias, cayó como una bomba en los medios periodísticos de toda España y todavía colea. ¿Cómo se entiende que la mudez de Ràdio 4 y de la producción televisiva en catalán de Sant Cugat tenga que pagar la ineficacia de la mala gestión de un monstruo de tales proporciones? Además de ser una medida arbitraria e injusta, obviamente se le hace un flaco favor a la cultura.

Es lógico que Carmen Caffarel, espantada ante tanto derroche, se vea obligada a racionalizar una infraestructura anquilosada, que al día de hoy todavía responde a una historia que mira al monopolio y que no se ha ido actualizando según los avances propios de la tecnología, aspecto que en las últimas décadas ha vivido una auténtica revolución en el campo audiovisual. ¿Quién se acuerda ya de las cámaras de tres tubos, de los formatos de una o dos pulgadas, de esas salas de edición amuebladas con máquinas de proporciones tan gigantescas como las del Ente? Porque si antes se necesitaba un pequeño contingente para realizar un reportaje televisivo, hoy la situación es bien diferente gracias -o, mejor, «debido a»- los avances de la técnica. El mundo digital, ya se sabe, ha llegado para quedarse.

Pero no son las minorías las que tienen que pagar la factura de todo esto. Ni mucho menos la de la urgente racionalización que RTVE debe poner en marcha antes de morir de acromegalia. Ràdio 4 fue la primera emisora en catalán de la historia y forma parte de un patrimonio que se tiene que defender a capa y espada tanto desde la Generalitat como de las diferentes entidades que velan por la lengua de Salvat-Papasseit. Lo mismo sucede con esa parrilla en catalán que se pincha en la programación televisiva. Se trata de programas la mayoría inteligentes, muchos de ellos con una trayectoria importante a sus espaldas y casi todos con un público específico y más que consolidado. En ambos medios, además, se ventilan y se comentan aspectos, intereses y problemas propios de este país y de esta sociedad. Caffarel, como es lógico, debe mantener constantes pulsos con los sindicatos y con sus colaboradores más estrechos ya que se encuentra en medio de una negociación, la del plan de saneamiento, que puede llegar a ser traumática. Pero es ella la que también ha estado tirándose piedras sobre su propio tejado permitiendo fichajes millonarios y estrenos televisivos que pasarán a la historia por la nula creatividad expuesta, muy lejos de la genialidad y muy cerca de la basura. Se ha optado por aquello que funciona en las privadas, programas penosos que fracasan a la tercera emisión o manteniendo en pantalla formatos cuyo «rating» es cuando menos dudoso.

¿Hasta qué punto se debe permitir que la cadena pública se rija por las mismas reglas de libre mercado que una televisión privada? El Estado debe asumir esta sangría porque de su gestión depende parte importante tanto de la formación e información de la opinión pública como de la propia salud mental de los televidentes. Estoy hablando de una televisión que no le de la espalda a su moribunda Orquesta y Coro de RTVE, que cuente con la ópera, la literatura y la cultura en general como argumento de venta, que los horarios de máxima audiencia no sólo se reserven para el entretenimiento vacío de contenidos y, para peor, con pésima audiencia tal como sucede hoy en día.

La citada racionalización se hace urgente y le ha tocado a los socialistas. La directora general del Ente ha prometido jubilaciones anticipadas y bajas incentivadas, pero antes de tomar estas decisiones -tan trascendentales para muchos profesionales- debería luchar sin tregua por alcanzar un gran acuerdo político y social sobre el presente y el futuro de RTVE. Tenemos que rediseñar la televisión que pagamos todos y en esa televisión la cultura debería tener un lugar de absoluta preeminencia, porque todavía, y por suerte, no estamos en el paraíso del libre mercado ni de la autofinanciación. Seguro que con los casi 500 millones de euros con los que se cuenta para este curso se llegará a duras penas a mantener la actual estructura, aquella que arroja pérdidas desmesuradas y que mantiene a esa plantilla insostenible heredada de la época del monopolio. ¡Larga vida a Ràdio 4! ¡Larga vida a una TVE en catalán!

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Quant a marcverges

Em dic Marc Vergés Ros, o simplement Marc. Escric des de Caldes d\'Estrac i sóc politòleg. Si vols conèixer una presentació més extensa, només cal que entris a la categoria Breu Presentació. Aquest és un espai de reflexió, d\'opinió, de diàleg, d\'intercanvi d\'idees, de transmissió de sentiments, d\'informació i de comentaris personals. Et convido a donar-hi una passejada, tot esperant que gaudeixis d\'aquest camí ple de paraules. També desitjo que les teves paraules facin més llarg aquest camí. Gràcies per visitar-me.
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