Us recomano llegir l’article que escriu avui el periodista Carlos Carnicero a Elplural.com:
La presidenta de la Comunidad de Madrid comunico a sus electores, en el fragor de la convulsa batalla electoral que le codujo aparatosamente al Gobierno de Madrid, que se comprometía a terminar con las listas de esperas quirúrgicas en el plazo de dos años. A su apuesta le puso precio: si no lo conseguía se comprometía a dimitir.
Los términos del compromiso fueron precisos y están a disposición de los madrileños en los archivos de Tele Madrid, en cuyo debate hizo el pronunciamiento: "Si dos años, después de llegar a la presidencia de la Comunidad de Madrid, algún madrileño tiene que esperar más de 30 días para ser operado, después de que el médico le prescriba la operación, yo dimito de la presidencia de la Comunidad de Madrid”.
Acaban de cumplirse los dos años, las listas siguen engordando y la presidenta no dimite. Y además pretende que le comprendamos, porque lleva meses matizando su compromiso hasta dejarlo irreconocible. El plazo, ahora, se ha transmutado en el periodo de tiempo que media entre la entrevista del paciente con el anestesista, que todo el mundo sabe que se celebra en vísperas de la operación, para certificar la compatibilidad del enfermo con los fármacos de la anestesia.
Lo ocurrido con esta promesa electoral es un ejemplo claro del compromiso político de algunos candidatos con sus electores, de tal forma que cuando estos se cumplen promueven protestas y desajustes emocionales, porque no es lo habitual. Le ha pasado a José Luis Rodríguez Zapatero que, mal que les pese a sus detractores, ha demostrado ser un hombre de palabra. Se comprometió a retirar las tropas españolas de Irak, a aprobar el matrimonio de personas del mismo sexo y a promover la reforma del estatuto de Cataluña. En todos los casos, la oposición del Partido Popular y de sus terminales mediáticas se lo ha reprochado, tal vez porque no terminen de entender que un programa electoral es un contrato del candidato con los electores que tiene una vinculación de honor. Esperanza Aguirre puede disfrazar su incumplimiento en la forma que estime conveniente, porque los términos del compromiso eran tan claros y evidentes que los electores que le quieran pasar factura tienen preciso el número de su albarán.
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