Article que va publicar, ara fa uns dies, en Lluís Bassets, director adjunt del diari El País, parlant sobre Maragall i el Partit Demòcrata, fita difícil, no impossible, necessària i que clarament regeneraria la democràcia: Hay lecciones políticas que no se explican con palabras, sino con comportamientos. Y hay comportamientos personales, formas de enfrentarse a los problemas de cada día, que sin ser directamente políticos incluyen un claro mensaje político. Creo que estos dos casos se dan en la decisión de Pasqual Maragall de utilizar su incipiente enfermedad para ofrecer una visión práctica de lo que debiera ser la ciudadanía, es decir, la actitud de todos y cada uno de nosotros en la polis, en la organización de los asuntos que a todos nos conciernen. Tiene que ver con un cierto sentido de la solidaridad y de la convivencia. Es una forma de poner la fama y el prestigio, incluso en lo que tienen de polémicos o controvertidos, al servicio de los otros, de la sociedad. Desacraliza al político, pero por el lado bueno, el que lo hace un igual, y sólo lo hace distinto y mejor por esta disposición a compartir su imagen pública por una causa de todos. Lo acerca a sus conciudadanos y lo aleja de las élites. Lo saca también de la despersonalización del marketing político y del encuadramiento y la disciplina militantes. Esos gestos sólo se pueden hacer con un gran sentido de la libertad y la responsabilidad individuales. En el caso de Maragall, militante histórico del socialismo catalán, subraya la independencia de criterio y de comportamiento que siempre le ha caracterizado, en relación a su partido y a su ideario. Y eso es lo que nos permite leer sus errores como aciertos: prefirió equivocarse sólo a obedecer ciegamente al rebaño. No es sólo una virtud individualista: la política del futuro deberá ser así sino quiere dejar de ser política para convertirse en la inhibición de todos y en la muerte de la democracia. Como ciudadanos, cada vez menos admitiremos que sea un oscuro comité de un partido o un líder endiosado que se ha hecho con el poder en un esotérico congreso quien decida por nosotros. Querremos partidos abiertos, donde se pueda tomar la palabra e intervenir en la discusión y en la crítica de todo. De donde se pueda salir y entrar como de casa o de la biblioteca: que no sean cárceles sino espacios de libertad, de deliberación y de ciudadanía. Que no conviertan la militancia en otro patriotismo y a veces, que es todavía peor, en una complicidad anticiudadana para medrar y repartirse los presupuestos y los cargos: ahí están el germen y el abono de la antipolítica. Que sirvan para elegir a quienes queremos mandar a competir en las elecciones, pero nos dejen luego la libertad de elegir a quien queremos que gobierne. Que federen tendencias e ideologías alrededor de la opción más realista y conforme a amplias voluntades. Maragall es quien mejor ha contado esta idea, la de los partidos americanos, con tendencias, con primarias y asambleas de base, abiertos, organizados para vencer en las elecciones. Empezó a ponerlo en práctica con Ciutadans pel Canvi, la formación paralela al PSC que le ayudó a ganar por votos, aunque no por escaños, las primeras elecciones autonómicas a las que se presentó en 1999. Ahora quiere formar parte del Partido Democrático que el centro y la izquierda italiana han puerto en marcha, con Walter Veltroni como líder, tras la experiencia de las primarias del 14 de octubre, en las que participaron más de tres millones y medio de ciudadanos. El presidente del consejo de ministros italiano, Romano Prodi, silenciosamente, ya le ha dado la razón: esta pasada semana asistió a la cumbre del Partido Socialista europeo en Lisboa, previa a la cumbre de de los 27, y fue recibido con los brazos abiertos. Antes su gente del Parlamento Europeo estaba en el grupo de los liberales y demócratas europeos: a partir de ahora estarán en el PSE, cuyo secretario general, el danés Rasmussen, ya ha anunciado que para el año próximo habrá que estudiar si se cambian las siglas y se adoptan las de Partido de los Socialistas y de los Demócratas europeos. Maragall ha dejado la militancia en el PSC y se ha declarado militante ‘contra Eisenhower’. Estoy seguro de que son muchos, en Cataluña y fuera de Cataluña, en el ámbito del socialismo y mucho más allá, a derecha e izquierda, los que estarán interesados en atender a su reflexión y a sus propuestas sobre el Partido de los Demócratas Europeos. Vamos a seguirle atentamente.[@more@]
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