Article d’Andrés Villena Oliver a Elplural.com d’avui:
Aparecía anteayer con su pelo peinado al detalle y su rostro irradiando seguridad y brillo, esa mueca que muchos famosos sostienen hábilmente ante la pantalla. Su nombre, Carmen Martínez-Bordíu. El programa, “¡Mira quién baila!”. La nieta de Franco. Televisión Española. La televisión de todos. ¿Memoria histórica? Memoria histérica. Desmemoria histriónica. Vergüenza ajena. Desbordante, sangrante, dolorosa vergüenza que escocía profundamente al ver a la nieta del dictador bailando en la televisión pública.
Moviendo sin gracia su cuerpo, aplaudida sin recato, como los pelotas jalean al jefe que, también sin gracia, baila sevillanas en la cena de navidad, a la que han ido todos obligados. Un jefe que despide, pone y quita empleados, y que baila sevillanas. Sin gracia alguna. Un jefe odiado, pero aplaudido. Un jefe con una nieta que también baila sin gracia, pero a la que hay que aplaudir por huevos. Todavía hay que aplaudirla, todavía. Una nieta que se fotografía en El Valle de los Caídos, un lugar tan entrañable…
Orgullosa de su pasado y del de su abuelo, que fue el jefe. Una nieta tratada como una reina, sin dar un palo al agua. TVE. La televisión del Consejo de Sabios. La que echó a José Luis Moreno, con su programa cavernario. La que revoluciona el debate con “59 segundos” de pluralismo semanal y ha recuperado imparcialidad en los telediarios. La que ha traído mejor cine, por fin. La menos dependiente del Gobierno. Una televisión que es ahora tan independiente del Ejecutivo que, sin embargo, permite que la nieta del dictador sea la protagonista de los lunes. Franco aplaude y la vota desde su paraíso.
La reina del corazón concursando como una más. ¿Y es que no tiene derecho? ¿Acaso puede Zapatero meter ahí la mano y echar a una persona que nada ha hecho contra España? ¿Tendría el Gobierno derecho a esa injusta injerencia? ¿Acaso
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